Blue Origin, la empresa espacial fundada por Jeff Bezos, ha solicitado autorización al gobierno estadounidense para lanzar una red de más de 50,000 satélites que funcionarán como centros de datos en órbita. Según un documento presentado el 19 de marzo ante la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), el proyecto busca reducir la presión sobre los recursos naturales terrestres al trasladar la computación intensiva al espacio.

El proyecto, denominado “Project Sunrise”, pretende realizar cálculos avanzados en órbita para aliviar la creciente demanda energética e hídrica de los centros de datos tradicionales, según indican los abogados de Blue Origin en la solicitud. La iniciativa utilizaría otra constelación de satélites llamada Terawave como red de comunicaciones de alta capacidad para conectar estos satélites de procesamiento de datos.

Centros de datos en órbita: una tendencia en crecimiento

Blue Origin no es la única compañía persiguiendo esta visión. SpaceX ha solicitado permiso para lanzar un millón de satélites destinados a funcionar como centro de datos distribuido, mientras que la startup Starcloud ha propuesto una red de 60,000 naves espaciales a la FCC. Adicionalmente, Google está desarrollando un concepto llamado Project Suncatcher, con planes de lanzar dos naves de demostración el próximo año a través de su socio Planet Labs.

La atracción de trasladar la computación masiva al espacio radica en varios factores. En órbita, la energía solar es abundante y gratuita, y existen menos regulaciones que restringen las actividades corporativas. Los emprendedores visionan un futuro donde las herramientas de inteligencia artificial sean omnipresentes y gran parte del trabajo computacional se realice desde el espacio.

Desafíos tecnológicos y económicos de los satélites de computación

Sin embargo, la viabilidad económica de estos proyectos enfrenta obstáculos significativos. Será necesario desarrollar y fabricar tecnología para enfriar procesadores y permitir la comunicación entre naves espaciales mediante láseres potentes al menor costo posible. Además, los científicos continúan evaluando el rendimiento de chips avanzados en el entorno de alta radiación del espacio.

Un factor crítico es el costo de lanzamiento. La mayoría de las empresas apuestan a que el precio de alcanzar la órbita disminuirá gracias al cohete Starship de SpaceX, que aún está en desarrollo y podría ver su primer lanzamiento de 2026 el próximo mes. En este aspecto, Blue Origin podría tener una ventaja con su cohete New Glenn, uno de los vehículos de lanzamiento operativos más potentes de la Tierra desde su primer vuelo el año pasado.

Ventajas de la integración vertical

Si Blue Origin logra lanzar y reutilizar sus cohetes a un ritmo regular, la compañía podría beneficiarse de la integración vertical de manera similar a como SpaceX dominó las telecomunicaciones espaciales con su red Starlink. Esta capacidad interna de lanzamiento podría reducir significativamente los costos operativos del proyecto.

Preocupaciones ambientales y de congestión orbital

Más allá de los retos tecnológicos y económicos, el entorno espacial mismo representa un obstáculo. Las órbitas cercanas a la Tierra están cada vez más congestionadas, y agregar decenas o cientos de miles de nuevos satélites incrementará las preocupaciones sobre colisiones orbitales.

Paralelamente, la quema de miles de satélites obsoletos en la atmósfera, práctica estándar en la industria, probablemente afectará la química de la atmósfera superior. Los investigadores expresan inquietud sobre posibles daños a la capa de ozono derivados de esta actividad en aumento.

La solicitud de Blue Origin no incluye detalles específicos sobre el cronograma de implementación. No obstante, expertos consultados por medios especializados indican que proyectos de esta magnitud difícilmente se materializarán antes de la década de 2030. La FCC deberá evaluar la propuesta considerando tanto la viabilidad técnica como el impacto ambiental antes de otorgar las autorizaciones necesarias para el despliegue de la constelación Project Sunrise.

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Fernando Parra Editor Jefe en Social Underground. Periodista especializado en economía digital y tecnología financiera con base en Madrid. Su trabajo se centra en analizar el impacto de los neobancos, la regulación europea y el ecosistema cripto en España. Apasionado por traducir las finanzas complejas en noticias accesibles.

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