La economía digital global está experimentando una transformación fundamental, según indica un análisis reciente de la Digital Cooperation Organization (DCO). Después de más de una década enfocada en expandir el acceso a Internet, la prioridad ahora se centra en garantizar que las personas puedan participar de manera significativa en la economía digital. Este cambio refleja el reconocimiento de que la conectividad por sí sola no garantiza la prosperidad ni el desarrollo económico equitativo.
Aproximadamente cuatro de cada cinco personas en el mundo están conectadas a Internet, pero alrededor de 2.200 millones permanecen sin acceso, principalmente en regiones de ingresos bajos y medios, según el informe. Sin embargo, incluso entre quienes tienen conexión, persisten brechas significativas en habilidades digitales, confianza y oportunidades que determinan quién se beneficia realmente de la transformación digital.
La inclusión digital como imperativo económico
El concepto de inclusión digital ha evolucionado de ser una aspiración social a convertirse en una prioridad económica urgente. Gobiernos, empresas e instituciones, incluidos muchos Estados miembros y socios de la DCO, están ampliando estrategias e inversiones en habilidades digitales y oportunidades equitativas. La limitación ya no es el acceso a la tecnología, sino la capacidad de las personas para utilizarla productivamente.
Las economías que invierten en capacidades digitales, servicios públicos digitales y fortalecimiento institucional tienden a convertir la conectividad en productividad de manera más efectiva. Esto es particularmente evidente en partes del sur y este de Asia y el Pacífico, donde el progreso en servicios gubernamentales digitales y capacitación en habilidades ahora iguala o supera al de muchas economías de mayores ingresos.
Brechas persistentes en participación y liderazgo
Las disparidades de género permanecen especialmente pronunciadas en campos avanzados como la inteligencia artificial y los servicios digitales. Solo alrededor del 3,1 por ciento de las graduadas mujeres se especializan en tecnologías de la información y comunicación, en comparación con aproximadamente el 9,6 por ciento de los hombres, según los datos disponibles. En áreas como la inteligencia artificial, el liderazgo, la inversión y la capacidad de investigación están fuertemente concentrados en un pequeño número de empresas, países y grupos demográficos.
Este desequilibrio representa no solo un problema social, sino también económico. Cuando segmentos amplios de la población quedan excluidos de las habilidades digitales, las vías de liderazgo y las oportunidades empresariales, las economías operan por debajo de su potencial. La innovación refleja una gama más limitada de necesidades y perspectivas, el crecimiento de la productividad se desacelera y la resiliencia se debilita.
Iniciativas gubernamentales en marcha
Varios gobiernos están implementando programas ambiciosos de capacitación digital. En Nigeria, programas federales tienen como objetivo capacitar y certificar a un millón de personas en habilidades digitales, con una ambición a largo plazo de alfabetización digital casi universal para 2030. En Arabia Saudita, la inclusión digital es un pilar central de la Visión 2030, reflejado en importantes inversiones en gobierno digital, habilidades, conectividad y cooperación regulatoria.
Iniciativas similares están avanzando en África, Oriente Medio, Asia y América Latina. Existe también un reconocimiento creciente de que la inclusión digital y la sostenibilidad están estrechamente vinculadas, ya que las herramientas digitales permiten sistemas energéticos más eficientes y mejor gestión de recursos.
Estrategias para fortalecer la inclusión digital
Los países con mayor probabilidad de éxito a largo plazo son aquellos que invierten no solo en infraestructura y plataformas, sino en personas, instituciones, confianza y participación. Esto implica construir sistemas educativos que fomenten la confianza digital, apoyar a emprendedores en la adopción de tecnología y desarrollar servicios públicos digitales que sean accesibles, eficientes y confiables.
Durante el Foro Internacional de Cooperación Digital de la DCO celebrado en Kuwait en febrero bajo el lema “Prosperidad inclusiva en la era de la IA”, los participantes enfatizaron que los principios compartidos deben traducirse en acciones prácticas. Las tasas de crecimiento y los flujos de inversión siguen siendo importantes, pero ya no son indicadores suficientes de progreso.
La participación, la madurez institucional, la capacidad humana y la confianza son igualmente relevantes. Cuando la inclusión se trata como una estrategia económica central y no como un complemento social, la transformación digital se convierte en una fuerza para la prosperidad compartida.
Las decisiones tomadas actualmente en educación, políticas de habilidades, marcos regulatorios e inversiones determinarán si la tecnología profundiza las divisiones o las cierra. Los próximos años serán críticos para implementar estas estrategias de capacitación y evaluar su efectividad en la reducción de brechas digitales a nivel global.

