Honda anunció esta semana la cancelación de sus programas de vehículos eléctricos, marcando un retiro significativo del fabricante japonés en la transición hacia la electromovilidad. La compañía detuvo el desarrollo del Acura RDX eléctrico y los modelos Honda 0, además de suspender la producción del Prologue, según reportes de medios especializados. Esta decisión coloca a Honda en una posición vulnerable frente a la transformación que experimenta la industria automotriz global, especialmente ante la creciente competencia de fabricantes chinos de vehículos eléctricos.
La empresa atribuye su retiro a los aranceles estadounidenses y la presión competitiva de China. Sin embargo, analistas señalan que Honda nunca desarrolló una estrategia viable para competir en el segmento de vehículos eléctricos, lo que ahora amenaza su relevancia en el mercado automotriz del futuro.
Impacto de cancelar vehículos eléctricos en Honda
La cancelación de los programas de vehículos eléctricos tendrá consecuencias significativas para Honda en dos áreas críticas de la industria automotriz. Primero, la compañía quedará rezagada en el desarrollo de trenes motrices eléctricos, tecnología que define el futuro del transporte. Segundo, perderá terreno en el desarrollo de vehículos definidos por software, una tendencia que está revolucionando la experiencia del usuario.
Según reportes del sector, Honda había iniciado el desarrollo de tres modelos eléctricos desde cero. No obstante, compartió poca información sobre estos proyectos con el público y los analistas. El Prologue, su único modelo eléctrico en producción, fue diseñado y fabricado completamente por General Motors, lo que evidencia la falta de capacidad interna de Honda en esta tecnología.
Oportunidades perdidas en electromovilidad
Los fabricantes tradicionales que abandonan el desarrollo de vehículos eléctricos pierden oportunidades cruciales de aprendizaje. La experiencia en el diseño y manufactura de vehículos eléctricos desde cero permite a las empresas optimizar peso, eficiencia y costos de producción, ventajas que no se logran adaptando plataformas de combustión interna.
Ford ilustra este desafío con su Mustang Mach-E, construido sobre una plataforma modificada del Escape. El CEO de Ford, Chris Farley, indicó en una entrevista reciente que decisiones de ingeniería heredadas afectaron el producto: el arnés de cableado del Mach-E pesa 32 kilogramos más que el de Tesla. Estos errores se multiplican en productos tan complejos como los automóviles.
Adicionalmente, Honda perderá la oportunidad de cultivar relaciones con nuevos proveedores y desarrollar cadenas de suministro especializadas en componentes eléctricos. La retroalimentación directa de consumidores sobre las características valoradas en vehículos eléctricos también quedará fuera de su alcance.
Rezago en vehículos definidos por software
La segunda disrupción que Honda evadirá es el desarrollo de vehículos definidos por software, aquellos cuyas capacidades pueden actualizarse y mejorarse con el tiempo. Consumidores que compran vehículos eléctricos de Tesla, Rivian y BYD se han acostumbrado a actualizaciones frecuentes, sistemas de infoentretenimiento avanzados y asistencia al conductor sofisticada.
Los vehículos definidos por software no necesariamente deben ser eléctricos, pero ambas tecnologías tienden a complementarse. Las baterías grandes de los vehículos eléctricos facilitan alimentar computadoras potentes y permiten actualizaciones inalámbricas cuando el vehículo está estacionado. Honda podría desarrollar vehículos de combustión con estas capacidades, pero es improbable dado que retrocede ante los vehículos eléctricos por las mismas razones: los métodos tradicionales son más fáciles y rentables temporalmente.
Crisis de identidad corporativa
Honda enfrenta un dilema existencial como compañía fundamentalmente dedicada a motores de combustión interna. Durante décadas, la empresa japonesa se distinguió por fabricar motores excepcionales y automóviles ligeros con excelente manejo, características que pierden relevancia en un mercado que avanza hacia la electrificación y la conducción autónoma.
En su último reporte financiero, Honda reconoció su incapacidad para competir en China. “Honda no pudo entregar productos que ofrezcan valor por dinero superior al de los nuevos fabricantes de vehículos eléctricos, resultando en una disminución de competitividad”, declaró la compañía. Estas dificultades en China contribuyeron a pérdidas cercanas a los 16 mil millones de dólares el año pasado.
La decisión de Honda de abandonar los vehículos eléctricos representa una apuesta arriesgada en un momento crítico para la industria automotriz. Sin un plan claro para competir en electromovilidad y tecnología de software, la compañía enfrenta el riesgo de repetir su experiencia china en otros mercados globales. La viabilidad a largo plazo de Honda dependerá de si puede desarrollar una estrategia alternativa que preserve su relevancia en un sector que avanza rápidamente hacia la electrificación total.

